Ilustraciones
“Archipiélago Maccanti” del Pintor
Fernando Bellver.
DESDE
LA ISLA – ambigua
DE
todas las memorias acaso sea la memoria del mar la que más
se resiste a la inmovilidad, a la fijación en sus álbumes,
como ocurre con las otras memorias que, entre luces cambiantes
o difusas, parpadean aún por las sendas posibles del
hoy y del mañana.
Miradlo.
El hombre solo que camina por la orilla del mar, ¿qué
pensará, entre la isla exigua y el cielo interminable?
¿Sueña, tal vez, en lo remoto de otra tierra
sin bordes, donde el azul pueda caber en las manos abiertas?
¿Creerá por fin, que en otra parte del mundo
hay llanuras de vastísimo espacio donde dejar su pisada
indeleble?
Solo
va el hombre y se ausculta, ya náufrago arrojado a
las rocas del mar. El hombre isleño.
Sí,
lo supo siempre. Podría describir aquellas cometas
de papel balanceándose en los alisios de su niñez
marítima, la música coral de las primeras lluvias
de septiembre, el declinante lamparón del sol hacia
el crepúsculo, la llamada del padre desde la bocacalle;
su caída libre en la realidad, la isla, su condición
de soledades.
El
hombre solo isleño sabe que éste que ve podría
ser aquél de hace cien años, como podría
ser el de ahora mismo. Antiguo y nuevo, tan reciente siempre
que ni el rastro de sus huellas retendrán estas playas,
pues él regresa siempre, derramado, borrándolas.
A lo sumo presiente que va por una lámina dudosa donde
tendrá que escribir palabras nuevas, voces para un
instante, signos de un desamparo enmudecido por la magnitud
de la soledad oceánica.
Y
no pudiendo consolidar la memoria del mar, las nociones del
tiempo y la distancia también se desdibujan, se vuelven
referencias sin valor para el hombre solo que camina por la
orilla del mar. ¿No creerá que cruza el espejo
del cielo? Si se invirtiese la imagen del hombre solo que
camina... ¿no sería ya el mar la tierra? ¿la
tierra el cielo? ¿el cielo el mar?
Imagen
invariable. Isla encima o debajo: universo inasible. El hombre
solo isleño sabe sólo que camina por la perenne
ambigüedad de la isla. Del mundo.
EL
MAR
Como
náufrago, le tengo
miedo a todo mar
Ovidio
PÓNTICAS, II
-I-
un
hombre pasa por el mar se aleja
roe la sal su piel contempla atónito
la raya que no acaba ni la orilla
que acaba en horizonte y sí la vida
que se le acaba caminando el mar
y siempre el mar y siempre el mar el mar
sorda prisión de espumas áspid
que al cuello se le enrosca al hombre
que pasa por el mar y allí se queda
mientras se hunde lejos de la tierra
natal de la Fortuna cordilleras
de candente grosor y acantilados
y es una larga caminata que hace
nadador solitario por el mar
sin hallar el azul ni su milagro
ni al menos la mentira que ya ve
dormida en la ribera de las algas

entre
erizos y anémonas y olor
acre de bajamares y crepúsculos
y sólo el mar es todo su camino
para ahondarse en la áspera morada
de la muerte que canta en cada ola
que en cada ola espera en cada estrella
vacía como un cielo de tormenta
y el hombre que camina por el mar
sabe de qué cavernas abisales
sopla la nada hacia la luz, y quema
su propia luz su escasa claridad
humana, como un sol que no naciera
de la vida su breve duración
sobre la sal del mar y así camina
sin saberlo muy bien hacia qué Circe
de arenas infinitas van sus pasos
y mientras más se aleja por el mar
y mientras más se acerca al horizonte
más se le desvanecen las orillas
al hombre solo su carnal volumen
su rojo corazón su pobre sueño
su eternidad efímera las nubes
los soles cegadores a lo lejos
y la naturaleza de la tierra
su diminuto amado continente
todo lo engulle el mar todo se traga
el mar si pasa el hombre el mar
que se alimenta siempre de los hombres
como el que pasa ahora y ya se aleja
y soy yo y eres tú todos nosotros
pasando por el mar hacia qué isla
nadando hacia qué nada por el mar
hacia qué inexistente nuevo mundo
-II-
hacia qué inexistente nuevo mundo
arrastra el mar al hombre a qué desierto
de sal de azufre de imprevisto fuego
empuja al hombre el mar a qué sepulcro
bellamente tallado de tristezas
por manos de penumbra con cinceles
y mazas de miserias y de olvidos
a qué sitio infecundo el hombre va
con su pobreza y su grandeza a qué
rincón de púas llagas llantos
cuando camina por el mar y siente
que el mar es un imperio sin clemencia
como
un abismo nunca imaginado
por qué camina el hombre sobre el mar
con su despierta inteligencia en contra
de la superchería y los engaños
de los usufructuarios de verdades
y cuantos leviatanes y sortílegos
le han puesto tan arriba la sortija
de otros Campos Elíseos otros cielos
a cambio de este mundo de verdad
regido por los ojos y los números
por qué se deja así traer el hombre
a este reino ilusorio de las aguas
como si fuese un niño o torpe bestia
pez en la red o pájaro en la trampa
él sabedor de trampas redes cepos
con su discernimiento soberano
y su privilegiado raciocinio
por qué fatalidad ajena a él
va por el mar hacia el ocaso último
sin rebelarse al negro señorío
de la sombra que sueña con su sueño
con la aniquilación total del sueño
del hombre por el mar que bebe ávido
la pócima del mar desde que nace
hasta
que muere en el profundo azul
y de nada le sirven los naufragios
porque el mar no hace expertos
y entre Escila y Caribdis sigiloso
pone el escollo justo roba el pecio
a la deriva sobre enormes olas
entre fieros ciclones y tornados
y esto lo sabe el hombre y va con todo
lo que él es lo que ha sido y pudo ser
ciego sobre este mar como el cometa
ciego por la región innumerable
él va a perderse en la doliente sombra
y pasa por el mar hacia otro mar
el otro mar sin islas de su muerte
-III-
el
otro mar sin islas de su muerte
es un mar sin riberas sin navíos
mar sin fronteras donde asirse mar
deshabitado y gris y frío y solo
y donde inútilmente vagará en la nada
porque en el otro mar la vida cesa
o crece sólo en él el árbol seco
de la intemperie árida las vides
negras del desamparo la guadaña
pasa cortando el aire estremecido
y tiemblan el gusano y el insecto
amenazados por el fuerte oleaje
mortal que agita el mar el mar sin que
pueda salvarles ya del precipicio
la luz de un hacedor desmemoriado
cuya presencia sin embargo pende
en el dudoso viento de su historia
entre ser y no ser el hacedor
que existiendo vendría a rescatar
al hombre que camina por el mar
a cambiar su destino en alta luz
como estrella brillante e infinita
de una constelación resplandeciente
inmóvil en el puro firmamento
pues el hombre que pasa por el mar
es como Betelgeuse y como Orión
hermano de Altair y Casiopea
de Aldebarán y de Alamak y Sirio
y son parientes suyos las Perseidas
y las estrellas todas de Boyero
las Pléyades Andrómeda Pegaso
todos
los habitantes encendidos
en la rotundidad del universo
son su familia su amistad del mundo
y la sangre del mundo y no la sombra
que se abalanza como tigre sobre
los indefensos hombros con sorpresa
del hombre su inocencia original
mientras cruza la selva de este mar
un bosque umbrío que le aguarda justo
al otro lado del vivir las lindes
donde deviene su vivir ceniza
amargo fruto y ácido el sabor
de la memoria congregada el fin
de un hombre es el final de todos
todos los seres van en este solo
ser que ahora ves pasando por el mar
sin saber qué hallará si era espejismo
de un sueño que soñaba sólo para
ir más allá del tiempo y el espacio
-IV-
ir
más allá del tiempo y el espacio
es el sueño del hombre y cuanto hace
sobre la tierra y mientras permanece
es cavilar sobre sí mismo y sobre
el territorio que se extiende tras
la muralla invisible realísima
y si contó sus días y sus noches
fue para demorar su indefensión
la que le ahoga cuando se despierta
con la primera luz de la mañana
y la que duerme junto a él de noche
llenándole la mente de presagios
malos augurios sofocantes sueños
que muchas veces le hacen caminar
dejando atrás la casa tan sitiada
de inviernos incontables por las calles
de la ciudad sumida en el silencio
y en esas horas del desasosiego
descubre su verdad la que buscaba
allá por la niñez de días azules
de perennes quimeras y gaviotas
la bandada de seres que allí era
la luz de su vivir recién naciendo
la coral melodía de otras voces
y el más bello regalo la palabra
para crear el mundo y explicarlo

y
en la orilla del mar no todavía
éste de ahora se detuvo un tiempo
para decirse conociendo el miedo
de su ignorancia por primera vez
cómo sería ese país y cuándo
se le abrirían sus puertas para ver
qué hallaría detrás del fin del tiempo
y por primera vez también el hombre
miró su paraíso con ternura
edificó con su tristeza el mundo
que le ofrecían los días por venir
los días de la tierra de los sueños
rodeados de mar y lejanías
islas todas allí como caminos
para alcanzar un día la muralla
que le ocultaba la revelación
de todos los arcanos y las dudas
de su vivir ah su vivir el mar
de todas las distancias y las horas
de su melancolía inacabable
y su angustiado corazón de ser
que ya camina solo por el mar
y sabe con dolor que encontrará
las respuestas a todas sus preguntas
-V-
las
respuestas a todas sus preguntas
en el aire se quedan o se pierden
como se pierde el agua en el desierto
o la voz en el ámbito vacío
de una noche sin alba y sin origen
y cuanto más el hombre se desvive
por llevar mejoría a su dolencia
en el eco del eco del silencio
más y más se rebela contra él
la marejada de la incertidumbre
la imposibilidad de descubrir
la página ya escrita del destino
ese blanco país al que partimos
no de la mano ya más favorable
ni de la ley más justa y consecuente
sino arrastrados con rigor y miedo
al níhil que pintaron con colores
de una dicha engañosa los falsarios
del credo impuesto cuando sólo
el hombre que camina por el mar
aceptó a su pesar mutilaciones
sufrir por respirar el mundo el aire

el
cielo azul cobalto cuando vivo
nomadeó la tierra de las islas
lejos aún de reparar en este
mar enemigo que cruzando va
a la consumación de su existencia
a la extinción total de su materia
polvo que esparcirá de un golpe único
un tornado sombrío un viento ártico
por la llanura inhóspita imprevista
que se alza detrás de la muralla
del mar que cruza el hombre casi
acorde casi con su sino pero
a su dominio opuesto y es el mar
quien lo conduce al quicio del olvido
aunque el olvido le sabía a muerte
cuando lo pronunciaba ante los otros
y es que pensaba en él cuando decía
qué era no recordar qué era borrarse
de la memoria humana y acertaba
si el parangón lo establecía sólo
con su morir oh vida su morir
su marcharse de aquí sin despedirse
como quien piensa regresar mañana
con las primeras luces con el alba
de
otro día con sol y ve que sólo
se va alejando por el mar sin vuelta
nunca sabrá así dónde y cree aún
que se regresa a Itaca algún día
-VI-
que
se regresa a Ítaca algún día
que volvemos un día a un paraíso
sin dolor sin congoja alguna vez
llegó a creer el hombre y aquí está
braceando en el mar precipitado
en su resaca y en la fuerza lúgubre
de su dominación y a la deriva
el hombre pasa por el mar asido
a la terca esperanza clavo ardiendo
de su galerna y perecer su signo
involuntario y el acatamiento
a aquel poder omnímodo la meta
y el premio envenenado y al llegar
a parte alguna se descubre triste
burlado se contempla el hombre como
luz alumbrando la caverna ciega
que habitase un Eolo empecinado

en
apagar su luz de hombre como
la apaga al fin cuando perece
sin haber alcanzado la razón
ni la fatiga por eternizarse
este hombre que pasa por el mar
este hombre de arcilla maleable
en cuyo corazón soñó la vida
y el amor le dio alas sobre el mar
lleva a la espalda un saco de dolor
y sobre la cabeza una corona
al rojo vivo y más dolor dolor
artífice supremo y escultor
de su mortal y luminoso cuerpo
de su inflamado hálito mortal
que en todos los espacios habitados
huellas se multiplican en caminos
en campos en ciudades y sus rastros
van desapareciendo de la faz
de la isla las islas y la tierra
detrás de sí es un erial vacío
un saladar un páramo quemante
se le abre a la vista de repente
enciende en sus pupilas el atroz
incendio de la nada la espesura
de un bosque helado sin talar el yermo
de la muerte final su mutación
al hombre que camina por el mar
solo y desamparado como Orfeo
al regreso del Hades sin Eurídice
mira a su alrededor y le entristece
la soledad del mundo a donde va
la mentira del cielo que soñaba
mientras la vida le cantó al oído
-y
VII-
mientras la vida le cantó al oído
no reparó en que el tiempo socavaba
sus raíces los débiles cimientos
del edificio que era calculado
para la ruina un día su estatura
caída sobre el polvo sobre el mar
que ahora cruza camino de no ser
nunca más y nunca más el hombre
su abandonada nave en duro océano
que vencerá el embate de la muerte
y va hacia ella el ser encadenado
que no pidió venir que nunca pudo
conocer en qué islas y en qué mar
incendiaría las horas de su vida
hasta el tiempo presente ya final
y sin retorno y sin destino mar
sin fondo en cuyo fondo acaso
se ocultó la razón de su vivir
la sinrazón de toda su existencia
porque a la hora en punto de partir
desde las playas solas se pregunta
por todas las respuestas esperadas
y con el pie en el mar y ya dispuesto
para la travesía última averigua
que no hubo razón para venir
y absurdo su venir para marcharse
otra vez al dolor al denso humo
de la nada sin luz y que los puertos
de llegada su sueño los creó
su desquiciado sueño humano que
no sabiendo qué hacer con tanta vida
la construyó de espejos y de arenas
de viento de aire de arenal de nada
efímeras efigies y espejismos
de su tristeza cósmica y humana
en el extenso orbe indiferente
y así a la hora de partir derrama
la mirada a su ayer a su pasado
para decirle adiós a cuanto fue
todo el tesoro junto de su vida
varada en la ribera de las islas
imágenes que el tiempo borrará
y que constituyeron su memoria
padres cerca del mar hermanos suyos
la antigua infancia la presencia viva
del florecido amor aquellos hijos
perdidos los poemas los amigos
y la hija y los hijos de los hijos
ven cómo se despide un hombre cómo
un hombre pasa por el mar se aleja ...