SENTIDO DEL LENGUAJE.
COMENTARIOS

Antonio
González Vieitez

DISCURSOS DE INGRESO
Academia Canaria de la Lengua
MUY
BUENAS noches a todos. Tengo que empezar agradeciendo a los
miembros de la Academia Canaria de La Lengua mi nombramiento.
En
este punto, los discursos suelen continuar preguntándose
por las razones que hay detrás de cada elección,
dada la humilde condición del elegido. Me arriesgo a
introducir una variante, en tanto que creo que los dueños
de las hablas de las Islas somos todos los canarios que las
respetamos, las usamos, me atrevería a decir que las
saboreamos y que encontramos en ellas lo que de cierto y arcano
pueda atesorar la palabra Patria. Porque creo que cualquiera
que esté en esas condiciones es elegible. Yo, también.
Así, de esta forma, quiero convertirme en representante
medio de los hablantes de las Islas.
I.
EL LENGUAJE
Y este nombramiento me ha obligado a pensar, otra vez y ya mayor
(como todos, también lo hice cuando era nuevo), en el
profundo misterio de la lengua y de la palabra.
Que es el tesoro más maravilloso del hombre. Que le habilita
a pensar, razonar y existir como tal. Que nos da el instrumento
indispensable para ascender con esfuerzo por las dificultades
del saber y del conocimiento. Que troquela y afina nuestros
sentimientos y emociones. Y que, por último y a mi juicio
lo más importante, nos brinda la increíble oportunidad
de compartir lo que somos y organizar, de forma justa y equilibrada,
la convivencia tanto de lo igual como de lo diverso.
Es evidente que la lengua y la palabra también han servido
y sirven (más adelante me detendré en ello) para
poner en pie los sentimientos más abominables y las ideas
más crueles. Para enfrentar, humillar y destruir. Pero
esa dramática ambivalencia es la que da sentido a la
libertad y a la propia condición humana. La única
que puede dar respuesta a la pregunta que hacía el soldado
Ryan, muchos años después de haber sido buscado
y encontrado a costa de mucha muerte y enorme sufrimiento: ¿he
correspondido con dignidad? ¿He sido una buena persona?
En esta nueva pesquisa sobre la palabra, como les decía
ya de mayor, me doy de cara con tremenda paradoja. En esta Academia
están quienes se han distinguido por dedicar su vida
al estudio de la lengua que se habla en las Islas. Quienes mejor
la conocen, la investigan y la usan. Quienes saben cómo
y de qué forma se habla y se propone que se hable.
Pues bien, tengo la sensación de ser un ácrata
en la casa de la norma, permítaseme la expresión.
Porque quiero confesarles algo “aunque sea para que nadie
se entere”: Soy un absoluto ignorante de los procedimientos,
las formas y las interrelaciones que uso al hablar y, por supuesto,
al escribir por ejemplo este discurso. Incluso en el hipotético
caso que uno pueda hablar bien, lo que sí es cierto es
que no sé cómo lo hago. Como el entrañable
cartero de Neruda, que se sorprendía al descubrir que
era capaz de escribir una metáfora sin saberlo.
¿Cómo es posible que, con tamaña ignorancia,
le hayan llamado a uno, por ejemplo, para enseñar desde
hace más de treinta años en la Universidad?
Los maestros de mi generación (me voy a referir sobre
todo a quienes estudiamos en Madrid), los que compartieron con
nosotros su tiempo y su saber y a quienes quiero rendir, hoy
y aquí, tributo fueron Enrique Tierno, Faustino Cordón,
José Luis Sampedro, Eloy Terrón, José Luis
López Aranguren...
Ellos nos enseñaron los apasionantes caminos, en todos
los aspectos, de la evolución dialéctica. También
en el ámbito del estudio de la evolución de la
vida material. Cómo los seres vivos se iban haciendo
cada vez más complejos a través de la ley de los
saltos de cantidad en calidad. Cómo el mundo limitado
de la célula, cuando ya no podía seguir desarrollándose
más, “inventó” la cooperación
entre ellas y dio el salto a la molécula, que ya era
una forma de vida superior y más compleja. Que había
roto los límites infranqueables que tenía y seguía
teniendo la vida en el nivel celular. Y, hecho que siempre me
pareció sobrecogedor, en el nivel superior de su vida,
la molécula mantenía vivo y funcionando, eso sí
en un ámbito interdependiente, el nivel de vida celular.
Más adelante en la evolución, cuando le tocó
a las moléculas la hora de completar todas sus posibilidades
como tales entes y por separado, de nuevo se dio un salto al
nivel superior, cooperando con otras moléculas, especializándose
y haciéndose indisolublemente interdependientes en seres
vivos cada vez de mayor complejidad. ¡Y el hecho sobrecogedor
se volvía a repetir! En estos nuevos y superiores seres
vivos seguía funcionando el nivel molecular y ¡oh
maravilla! también el nivel celular.
Todos sabemos cómo las formas cada vez más complejas
de organización de la vida culminaron en el homo sapiens.
Y que nuestra vida, simplificando mucho las cosas y para explicarme
si quieren toscamente, está compuesta por una serie de
niveles que reduzco a dos. El primero, el más elevado
y superior, es el racional. En el que estamos participando ahora
mismo ustedes y yo. Y que ahora está enredado en este
discurso de ingreso. Si ustedes me escuchan y soy capaz de atraer
su atención como oyentes (lo que tendría que agradecer
en cuanto es un esfuerzo y una muestra de generosidad por su
parte), estamos en un plano conceptual. En el nivel superior
del animal racional.
Pero simultáneamente, sin que ninguno de ustedes sea
consciente de ello hasta que yo ahora se lo recuerde, todos
nuestros sistemas vegetativos están funcionado, de seguro
y viéndoles la cara, muy a la perfección. Todos
ustedes están controlando su presión sanguínea,
sus pulsaciones, todos sus procesos metabólicos y muchas
cosas más.
¡Y fíjense ustedes! Lo estamos haciendo sin saber
cómo. Simplemente lo sabemos hacer y ni tan siquiera
hemos tenido que aprenderlo. Mucho antes que se inventaran todos
los automatismos que en el mundo son, ya nosotros dominábamos
los cimientos de la vida.
Este descubrimiento siempre me resultó misterioso y apasionante.
Por eso, ahora que me he visto obligado a pensar de nuevo sobre
la palabra, sobre cómo hablo, sobre todo cómo
no he aprendido a hacerlo, sino que simplemente lo hago, he
tenido la sensación de lo “ya visto”.
Ese “ya visto” me recondujo a “descubrir lo
que cualquiera que habla sabe, sin darse cuenta de que lo sabe”,
en frase de Agustín García Calvo. Es decir, descubrir
que todos somos capaces de utilizar el lenguaje, ese estremecedor
instrumento que nos permite vivir, sentir y relacionarnos y,
también, convencer, seducir, amar..., de forma casi instintiva,
biológica.
En nosotros, los que hablamos, el lenguaje se encuentra depositado
en una región que se suele denominar “subconsciente”.
Ese lugar donde se colocan las cosas que se han sabido y se
han olvidado, incluso por conveniencia técnica, para
facilitar su mejor utilización. Porque, precisamente
cuando hablamos, ponemos toda nuestra atención en la
idea que queremos exponer o la orden que queremos transmitir.
Y, en ese trance, lo mejor que nos puede ocurrir es que no tengamos
que preocuparnos de cómo producimos nuestro lenguaje.
Y recoger lo que fluye mansamente en forma de palabras y oraciones
desde el fondo de ese manantial que es nuestro subconsciente.
De ahí mi reencuentro con la investigación lingüística
que Noam Chomsky ha venido desarrollando a lo largo del último
medio siglo. Su provocadora propuesta, hace décadas,
del INNATISMO. Esa portentosa facilidad con la que un niño
aprende una lengua. Y con la que un adulto es capaz de decir
y entender frases que nunca había escuchado ni leído;
o puede explicar una situación, por más enrevesada
que sea, con tanta sencillez que no percibe el extraordinario
portento que acaba de realizar.
¡Les pasa lo que a mí! Lo hacen y no saben cómo.
Para eso hace falta que los instrumentos, maravillosos y aún
desconocidos, para usar la lengua se recluyan en el subconsciente.
Porque se trata de una necesidad para el propio funcionamiento
de la lengua.
Y existen diversos grados de subsunción de la lengua
en el subconsciente. De una parte lo que Chomsky ha acabado
por llamar la Lengua Interior, que estaría recluida en
los niveles más profundos del subconsciente.
Y donde se encuentran lo que él había definido
como UNIVERSALES LINGÜÍSTICOS. Y donde defendía
la existencia de una serie de operaciones formales que son comunes
a las distintas lenguas. Lo que le llevó a plantear la
posibilidad, fuertemente polémica, de una Gramática
Universal. Sobre esta “caja negra”, colocada allá
abajo en el subconsciente, nadie tiene derecho de propiedad.
No pertenece a nadie y, por tanto, es patrimonio inalienable
de la humanidad. Y además no es manipulable porque la
gramática es autónoma e independiente del significado.
En los últimos tiempos, Anthony Mónaco y sus colaboradores
en la Universidad de Oxford, han descubierto que la mutación
de un gen (el llamado FOXP2), causa graves defectos en la capacidad
lingüística de las personas que lo padecen. Así,
“la primera vinculación de un gen con el lenguaje,
podría acelerar nuestra comprensión de la más
exclusiva y controvertida de las habilidades humanas”
[Edición conjunta de Nature, Le Monde y El País.
24 de Octubre de 2001].
De otra parte existe la Lengua Exterior, lo que creo que Saussure
llamaría “la palabra” que es, simplemente,
la manifestación externa de los mecanismos idiomáticos
de la Lengua Interior. Está situada, por tanto, en los
niveles más superficiales del subconsciente, los que
están cerca de ser cultura y sobre los que los individuos
y las instituciones sí pueden ejercer influjo y manipulación.
Aquí aparecería la gran diferencia entre lenguaje
y escritura. Porque la escritura sí que ya es un hecho
cultural. García Calvo insiste en subrayar que, además,
se trata del primer hecho cultural porque, lisa y llanamente,
supone el comienzo de la historia.
La diferencia entre el que sólo sabe hablar y el que,
además, sabe escribir es lo que define al analfabeto.
Hecho que resalta el carácter cultural de esta distinción.
¿Quién no recuerda aquella sorprendente y formidable
pregunta que le hace aquel bárbaro guerrero escandinavo
al culto árabe Ibn Faldhan en la novela El guerrero número
trece de M. Crichton ¿sabes dibujar los sonidos??
Y por todo eso la escritura, la palabra escrita, es el más
oscuro objeto de deseo de todos los manipuladores que en el
mundo hay.
Y llego a una conclusión precipitada. Si es verdad lo
que queda apuntado, el no saber cómo produzco mi habla
y mi escritura no es algo que se me pueda recriminar. Me ocurre
lo que a todos. Es nuestra miseria como hablantes, pero también
nuestra grandeza.
II.
LA MANIPULACIÓN DEL
LENGUAJE.
EL CASO DE LA
ECONOMÍA
Como
con la lengua inventamos el mundo, también y deliberadamente
con la lengua podemos trucarlo o intentar confundir nuestras
percepciones.
Tengo
la impresión que, en la actualidad, nos encontramos ante
un intenso despliegue de manipulaciones y edulcoraciones. Las
unas, aviesas. Las otras sencillamente ridículas, inventadas
por entrometidos que aspiran a “limpiar” el lenguaje
de sus palabras más contundentes y expresivas, limando
sus asperezas y sustituyéndolas por palabras más
finas, las que quieren entronizar como lenguaje “correcto”.
Esta nueva moda tiene antecedentes inquietantes, aunque creo
que bastante limitados en número. Siempre me chocó
el par contrapuesto diestro-siniestro, cuyas primeras acepciones
son homologables: lo que cae a la mano derecha o a la mano izquierda.
Pero sus otras acepciones ya vienen cargadas de significado.
De forma que diestro significa, además, hábil,
sagaz y venturoso, mientras que siniestro significa avieso,
malintencionado, funesto. Y conste que esta contraposición
de valores no procede de la confrontación política
derechaizquierda. Sus orígenes valorativos vienen de
mucho antes y creo que se basan en que el diestro representa
“lo correcto” y el siniestro “lo incorrecto”.
No olvidemos que hasta hace muy poco a los niños zurdos
se les atormentaba literalmente con la finalidad de adiestrarlos.
Este tipo de diferenciaciones valorativas alcanza una de sus
cimas en el par de conceptos hombre público y mujer pública.
Pero lo que caracteriza a la situación actual es la extendidísima
moda de cambiar las palabras para hacerlas más finas.
Ya
no se dice
Basura
Viejos
Poyo
Estiércol |
sino
Residuos Sólidos
Tercera Edad
Encimera
Excreta |
En
estos casos el motivo aparente es parecido al que ocasiona el
uso del detergente. Se considera que hay palabras groseras o
afrentosas que hay que sacar fuera del uso. El papel de quienes
actúan en las Administraciones Públicas y su entorno
es muy importante en este proceso de suplantación higiénica.
Hay
otros cambios de palabras, introducidos exclusivamente por titulados
superiores, que son del siguiente tenor:
Pizarra
Recreo
Pasión
Madurar |
Soporte logístico
Intervalo de ocio
Biorritmos
Desverdecer |
A
mi juicio, tamaño despropósito sólo lo
pueden intentar introducir los totorotas, sin perdón.
En
ocasiones, el trucaje de las palabras alcanza sus mayores
niveles de cinismo. Cuando a la muerte de víctimas
inocentes se la denomina daños colaterales, ahí
se atesora toda la ruindad que la condición humana
es capaz de alcanzar. La misma que denominó solución
final al exterminio de más de seis millones de judíos.
Cuando el poder que dicta esos trucajes y manipulaciones se
precipita y se da cuenta de que se ha equivocado es capaz,
en horas, de transformar un eslogan pacientemente estudiado
como el de Justicia Infinita por otro como Libertad Duradera.
Para describir con los dos el mismo horror pero intentando
que produzca un menor rechazo.
Si
se acepta esa estúpida frase (que en cualquier caso
subraya el predominio de lo visual y destaca su capacidad
manipuladora letal) “una imagen vale más que
mil palabras”, nos viene al recuerdo el famoso albatros
debatiéndose en un charco de petróleo como representación
de las catástrofes medioambientales (nunca las humanas)
de la Guerra del Golfo. Y todos conocimos después,
que esas imágenes no tenían nada que ver, se
habían tomado en el naufragio de un gran petrolero
creo que en las costas de Alaska.
En
el caso concreto de la Economía, el cambio de palabras
con la pretensión de cambiar el sentido de las cosas
que representan, muestra un buen arsenal. Lo que siempre se
ha llamado
| Paro |
ahora
se llama
Desempleo |
| Beneficios |
Excedentes |
| Obreros/ |
|
| Empresarios |
Agentes
Sociales |
Privilegio
Países Pobres
Bajar salarios
Despidos en masa |
Asimetría
En vías de desarrollo
Política de Rentas
Reajuste empresarial |
| Empresas
con |
|
| más
poder |
Más
competencia |
|
Concentrar poder |
|
| económico |
Liberalizar |
Este
apresurado repaso del cambio de palabras y conceptos nos tiene
que recordar que el uso de una lengua nunca es ideológicamente
inocente. Que lo que parece un simple cambio cosmético
para hablar de forma “correcta” esconde un abusivo
contrabando ideológico. Pretendiendo dar un hálito
natural y corriente a lo que constituye una agresión
frontal al pensamiento progresista y transformador. Y eso es,
a mi juicio y queriendo remarcar lo polémico, lo que
viene ocurriendo con el lenguaje económico. Forzando
a esta ciencia a parecer cada vez más lúgubre.
¿Podremos
alguna vez darle la palabra a los números?
Sobre
estas cuestiones, con humildad pero con muchas ganas, propondré
a la Academia que reflexione.
III.
LA ACADEMIA CANARIA DE LA LENGUA
Y
aquí nos encontramos en el seno de la Academia Canaria
de La Lengua. En el seno de un proyecto que tuvo un parto
complicado y una trayectoria conflictiva. Porque algunos canarios,
sobre todo de extracción culta, se burlaron de la propuesta
y la calificaron de pueblerina y defensora de no otra cosa
que la sarta de vulgarismos que utilizan los canarios incultos.
Aceptando y defendiendo, así y sin más, la existencia
de una norma estándar del español, de acendrada
raigambre jacobina, que es la única referencia válida
y hacia la que tienen que converger todas las otras hablas
de inferior rango.
En
principio y en un acto como este, de ingreso en la Academia,
no me parece adecuado citar por mi parte a nadie que haya
participado en mi elección. Porque tiene todo el aire
de un pago de favor.
Pero
lo que iba a decir ahora ya lo dejó escrito de forma
inmejorable Marcial Morera en su Manifiesto “En defensa
del habla canaria”. Y cito:
“Las
consecuencias más graves de esta interesada valoración
negativa, que divide a la sociedad canaria en dos grupos (los
que emplean el vocabulario estándar, que serían
los ricos, los cultos y los dirigentes, y los que emplean
el vocabulario canario, que serían los pobres, los
analfabetos y los trabajadores) han sido, por una parte, el
escasísimo desarrollo que ha experimentado dicho vocabulario
en la realidad concreta del hablar... y el miedo que sienten
muchos hablantes de nuestra sociedad a expresar dichas voces
en contextos de uso que no sean estrictamente familiares...
Este temor, más que la desaparición de determinadas
actividades tradicionales, es una de las causas que más
está contribuyendo a acabar con nuestro patrimonio
léxico...”
En
efecto, desde hace mucho tiempo (de forma absolutamente grosera
en la etapa de la dictadura franquista), se intenta ridiculizar
al habla canaria y se ha forzado a hablar, en la forma castellana,
a los locutores de la radio y la televisión. Este tipo
de opresión directa y explícita, por supuesto
ya no existe. Ahora se expresa de modo indirecto, en la vergüenza
que sienten algunos canarios en hablar como hablan. Lo que,
a mi juicio, refleja un fuerte complejo de inferioridad (de
honda procedencia histórica) y se expresa en una suerte
de autocastración, suplantando su forma de hablar,
vergonzosa, por otra que consideran más correcta. Me
resulta no sólo ridículo sino patético
escuchar a un canario ceceando en un mar de dificultades lingüísticas
y naufragando como hablante y como persona.
Siempre
me causó admiración la contraposición
entre este comportamiento de algunos canarios y el de la inmensa
mayoría de los latinoamericanos (cubanos y argentinos
a la cabeza) que, después de muchos años viviendo
fuera de sus países, siguen manteniendo con dignidad
y orgullo sus formas de hablar.
Otro
de los ataques más viles que sufre el habla canaria
es el que realizan las agencias de publicidad. Me resulta
especialmente indignante que pongan a ciudadanos peninsulares
a remedar nuestra forma de hablar o que sigan forzando a hablantes
canarios a hablar de modo “correcto”. En ocasiones
es que a uno le hierve la sangre.
En
resumidas cuentas el habla canaria está siendo atacada
por tierra, mar y aire. Y, lo que es más grave, nadie
ha salido hasta ahora en su defensa.
Una
defensa que no tiene que convertirse en ataque. Una defensa
que se base en que la pluralidad y la diversidad de las hablas
del español constituyen una enorme riqueza en continua
ebullición; un patrimonio cultural de incalculable
valor. Y que ninguna de las formas de hablar el español
es la buena, la referencia a imitar. Que todas tienen el mismo
rango y que su fortaleza se asienta en el respeto mutuo.
Si
la creciente sensatez y sensibilidad de la humanidad ha llevado
a defender con entusiasmo la biodiversidad material ¿qué
decir de la biodiversidad cultural?
Es
verdad que en una sociedad mundial que tiende hacia la estandarización
del consumo de masas, cualquier intento de activismo deliberado
para defender lo diverso, se suele entender como un ataque
a los famosos mercados y a su conspicua sabiduría y
capacidad para resolverlo todo. En esas estamos.
En
cualquier caso, me parece claro que la Academia puede y debe
convertirse en el principal defensor del habla canaria. Y,
como ya ha indicado la propia Academia, me parece muy sabio
insistir en que su actuación deberá huir de
toda tentación preceptista y purificadora. En una sociedad,
la Autoridad no se consigue mandando, sino ayudando a crecer
y convenciendo. Y comparto los objetivos señalados
por la Academia, el rescate y la dignificación del
desprestigiado patrimonio lingüístico canario.
Y que “la reconciliación de los canarios con
su patrimonio cultural y lingüístico, su reconocimiento
y asunción orgullosa, es absolutamente imprescindible
para que este pueblo pueda desarrollarse libremente y sin
complejos”.
La
Academia debería plantearse una relación especial
con los enseñantes y con los periodistas. Por las funciones
especiales de estas profesiones, estratégicas para
la consolidación de cualquier habla y en concreto de
la nuestra.
El
que la Academia siga abriendo sus puertas a profesionales
de otras ramas del saber, como es mi caso, puede ayudar al
enfoque interdisciplinario que cada vez parece más
adecuado a cualquier actividad humana.
Por
último, el ser llamado a compartir con ustedes, miembros
de la Academia. Y con todos ustedes, propietarios del habla
canaria, esta apasionante tarea me ha parecido el mejor regalo
que nadie pueda recibir. Y me ha conmovido.
Buenas
noches y muchas gracias
Casa de Colón. Canarias. 08.11.01.
|
|