CUESTIONES
PENDIENTES EN
LA DESCRIPCIÓN DEL LÉXICO

Gonzalo
Ortega Ojeda

DISCURSOS DE INGRESO
Academia Canaria de la Lengua
CUESTIONES
PENDIENTES
EN LA DESCRIPCIÓN DEL LÉXICO,
LA FRASEOLOGÍA Y LA PAREMIOLOGÍA
DEL ESPAÑOL DE CANARIAS:
ASPECTOS DIALECTOLÓGICOS
En
todo estudio del castellano habrá que tener muy
en
cuenta su condición de complejo dialectal.
Vicente García de Diego
Desde
un punto de vista puramente científico, una palabra
conocida tan sólo por los vecinos de una aldea
tiene tanta
importancia como cualquier voz de uso generalizado y,
a
veces, es mucho más interesante.
Julio
Casares
Nada
o muy poco de lo conducente a la averiguación de
la
etimología se me habrá escapado, según
creo, en los glosarios
dialectales, que he leído íntegramente,
y que cito a manos
llenas en mi libro.
Joan
Corominas
SEÑOR
Presidente de la Academia Canaria de la Lengua, Señor
Viceconsejero de Cultura y Deportes del Gobierno de Canarias,
señores académicos, señoras y señores,
amigos todos. En los próximos minutos, me propongo
hablarles de un asunto que tiene un vínculo directo
con la razón de ser de esta institución, entre
cuyos miembros tendré el honor y la responsabilidad
de contarme a partir de hoy. Versará mi discurso sobre
Las cuestiones pendientes en la descripción del
léxico, la fraseología y la paremiología
del español de Canarias: aspectos dialectológicos.
Si
a Borges (1)
le pareció que el libro de Américo Castro La
peculiaridad lingüística rioplatense y su sentido
histórico sobrellevaba un cacofónico
título, qué no hubiera podido decir de
éste. Se trata, de cualquier forma, de un tema técnico,
que de seguro comportará alguna aridez para quienes
no se dedican a los asuntos del idioma. Solicito, por consiguiente,
toda la indulgencia del mundo para la serie de consideraciones
con que pretendo entretejer mi intervención, que será
razonablemente breve.
(1)
Véase Las alarmas del doctor Américo Castro,
en Obras completas, II, Madrid, Emecé, 1996,
p. 33.
Bien
mirado, yo, que no he sido distinguido por los hados literarios
y que me he dedicado, con tesón de coleccionista, a
describir los caracteres de nuestra modalidad idiomática,
no podría desarrollar
un tema sustancialmente distinto del elegido. Se supone que
ésas han debido de ser las credenciales que motivaron
la propuesta y la subsiguiente aceptación de mi persona
como académico de esta casa. De todos modos, deseo
testimoniar mi más sentida gratitud a quienes presentaron
y avalaron mi candidatura.
Ya
en el año 1995, en el marco de las VII Jornadas de
Estudios sobre Fuerteventura y Lanzarote, y coincidiendo con
la primera tentativa, que habría de resultar fallida,
de crear una Academia Canaria de la Lengua (y no una fantasmagórica
Academia de la Lengua Canaria, como algunos obtusos detractores
del proyecto se encargaron de propalar), tuve la oportunidad
de verter mis opiniones sobre los objetivos que debían
presidir la labor de esta institución. Hoy, transcurridos
unos años, me reafirmo en lo que sostuve entonces,
aunque acaso plantearía alguno de esos objetivos con
algo menos de apasionamiento.
Entre
los fines que debe perseguir esta Academia, los hay opinables
y los hay que no dejan margen para la disputa. Entre los primeros
están todos los incluibles en lo que podríamos
llamar la política lingüística
o, más cabalmente dicho, la planificación
lingüística, esto es, si la Academia debería
ser normativa o no, si sería bueno o no que interviniera
en los asuntos relacionados con la enseñanza de la
lengua, etc. Entre los últimos se encuentra el de promover
la recogida, descripción y preservación de las
particularidades lingüísticas del español
hablado en Canarias, entre las cuales ocupan un lugar de relieve
el léxico y la fraseología, así como
también la toponimia. Por si cupiera alguna duda, en
sus propios Estatutos, en concreto en su artículo 3,
apartado b, se señala que será responsabilidad
fundamental y básica de la Academia fomentar
y estimular el estudio científico de todas las modalidades
lingüísticas canarias, tanto en lo que especta
a su estado actual, como en lo relativo a su historia.
PRECEDENTES
El
español de Canarias pasa por ser una de las variedades
hispánicas mejor estudiadas. Así lo prueban
las compilaciones bibliográficas sobre esta modalidad
(2).
Sin embargo, y siendo ello en gran medida cierto, conviene
aclarar que, dentro
del conjunto de trabajos, abundan los de gabinete y son relativamente
pocos los de campo. En todo caso, la escasez cierta de estudios
de dialectología canaria acometidos en las últimas
décadas,
si hacemos gracia de los de carácter muy general, se
debe, entre otras razones, a la gran promoción de que
han sido objeto, por contraste, los trabajos de sociolingüística,
acaso porque estos últimos sean más cómodos
de efectuar materialmente hablando
(3). Probablemente si, en paralelo
con los estudios de sociolingüística, disciplina
de la que la dialectología debe tomar sin discusión
algunos hallazgos procedimentales, ciertos dialectólogos
indígenas hubieran seguido realizando trabajos del
tipo El habla de..., (4)
el conocimiento que hoy tendríamos
de la variedad canaria del español sería mucho
mayor. Además, nos contamos entre quienes piensan,
tal vez constatando una simple obviedad, que la descripción
dialectal debe preceder al análisis sociolingüístico.
Recuérdese de paso que el crecimiento de las áreas
urbanas del Archipiélago (es particularmente el caso
de Las Palmas de Gran Canaria) es aún reciente, por
lo que en las ciudades los individuos de procedencia rural
siguen expresándose en forma muy parecida a como se
habla en el campo. De otra parte, en algunas islas (ello sucede
de forma clara en Tenerife), el grueso de la población
se concentra en zonas rurales o semiurbanas. Algo semejante
ocurre también en las llamadas Islas Menores.
(2)
Véase, por ejemplo, C. Corrales, Mª Á.
Álvarez y
D. Corbella, El español de Canarias. Guía
bibliográfica, Instituto de Estudios Canarios,
La Laguna (Tenerife), 1998.
(3)
Algo ha debido de influir también la exigüidad
de plazas que ofrece la Universidad a los alumnos que terminan
su licenciatura en Filología Hispánica. Sin
perspectivas de ingresar como profesores en la Universidad,
la iniciativa de realizar una tesis doctoral (que eventualmente
pudiera versar sobre algún aspecto descriptivo del
habla del Archipiélago) se torna para muchos, aun para
los más brillantes, puro romanticismo.
(4)
Recuérdese la magnífica monografía de
Antonio
Lorenzo Ramos, El habla de Los Silos, Santa Cruz de
Tenerife, Caja General de Ahorros, 1976.
Sea
o no ello la causa, pensamos que hay que desmitificar un tanto
la afirmación de que el español de Canarias
es el más estudiado del mundo hispánico, lo
que como mucho resulta sostenible, repito, si se asevera de
los trabajos de gabinete, pero mucho menos si se alude a las
investigaciones de campo. Conviene tener en cuenta, además,
que la tarea de recoger exhaustivamente el material que todavía
queda por colectar no tolera demora, pues los sujetos depositarios
de ese saber ocupan en su mayoría el segmento de más
edad de la población.
De
las distintas vertientes del idioma, y considerando las observaciones
precedentes, tal vez sea el léxico la más minuciosamente
investigada en el ámbito insular, entre otras razones
porque, como ha acontecido a menudo para las diversas latitudes
del español, numerosos lexicógrafos aficionados
han realizado sus aportaciones, circunscritas de ordinario
al ámbito de una isla y lastradas por lo común,
aunque con honorables
excepciones, de errores metodológicos de bulto.
Por
otro lado, en el desarrollo sensible que han conocido en los
últimos años los estudios descriptivos sobre
el léxico y la fraseología de Canarias (parecido
en su causalidad al experimentado por ciertas lenguas indoamericanas
a principios del siglo XX), ha jugado un papel importante
la extracción rural o marinera de algunos de los investigadores
que hoy laboran sobre este particular, entre los que me cuento.
Diríase que un bien entendido y legítimo compromiso
de clase, si la expresión es válida a
estas alturas, los ha impulsado a destinar parte de sus esfuerzos
al registro y caracterización rigurosa de nuestras
peculiaridades verbales, que tienen una presencia más
neta en esos ámbitos no urbanos.
Pues
bien, una parte considerable de esas descripciones lexicográficas
diferenciales (5),
algunas contribuciones de filólogos profesionales,
el léxico nomenclador contenido en ciertas monografías
y lo reflejado en el Atlas Lingüístico y Etnográfico
de las Islas Canarias (ALEICan), de Manuel Alvar, fueron
recogidos, tras una ardua y meritoria tarea de compilación,
en el Tesoro Lexicográfico del Español de
Canarias(TLEC) (6),
elaborado por C. Corrales, D. Corbella y Mª Á.
Álvarez.
(5)
Algunas
de ellas datan incluso del siglo XIX.
En
1994, Antonio Lorenzo, Marcial Morera y yo mismo le dimos
cima al Diccionario de canarismos (DC), realizado
gracias a un proyecto de investigación subvencionado
por el Ministerio de Educación y Ciencia. En ese repertorio,
el primero que cubría todo el ámbito del Archipiélago,
se dio cuenta de un material léxico en
buena medida inédito, y se aportaron bastantes informaciones
acerca de la vigencia y localización de las voces registradas,
así como ejemplos de uso tomados del habla viva.
En
1996, y sobre la base de las entradas compiladas en el TLEC,
los profesores Corrales, Corbella y Álvarez publican
el Diccionario diferencial del español de Canarias
(DDEC), que supone un paso al frente de notable interés,
entre otras razones por el volumen de datos que contiene.
(6)
Aunque
la primera edición de esta obra es de 1992
(1 vol.), en 1996 se volvió a editar con nuevos datos
y
con algunas correcciones (3 vols.).
En
el 2000 ve la luz el Diccionario de expresiones y refranes
del español de Canarias (DEREC), que firmamos Isabel
González y quien suscribe. En él se recogió
un numeroso conjunto de expresiones, refranes, frases proverbiales
y comparaciones populares estereotipadas, que en su mayoría
no habían sido registrados con anterioridad y que fueron
acopiados tras el planteamiento de las correspondientes encuestas
en las siete islas del Archipiélago.
Lo
contenido en las obras anteriormente consignadas constituye
los precedentes (o, en otro sentido, el status quaestionis)
de la tarea que aún queda por realizar en lo que concierne
a la descripción del vocabulario simple (incluidas
las lexías complejas denominativas), la fraseología
y la paremiología del español de Canarias. Conviene
no olvidar, sin embargo, algunas otras obras publicadas más
recientemente. Es el caso del Gran diccionario del habla canaria,
del periodista grancanario Alfonso OShanahan, publicado
en 1995, obra que, pese a la monumentalidad del trabajo desplegado
por su autor, alberga incontables errores de método,
que la invalidan desde el punto de vista de la ciencia lexicográfica
moderna. Es necesario recordar así mismo algunas otras
monografías, de factura más rigurosa, que han
conocido la luz en los últimos años. Entre ellas
sobresalen la de Manuel Torres Stinga (El español hablado
en Lanzarote, Cabildo Insular de Lanzarote, 1995) y la de
Carlota Acosta Armas (Diccionario de habla herreña:
estudio comparativo, Ayuntamiento de Frontera, El Hierro,
1998).
ASPECTOS
DIALECTOLÓGICOS
En
lo que sigue, trataré de abordar, descendiendo a las
virtualidades e imperfecciones de los distintos métodos
exploratorios, los aspectos pendientes en la recogida y descripción
léxica y fraseológica del español hablado
en Canarias, que son muchos a pesar del enorme alcance de
lo ya realizado.
Si
dejamos de lado el acopio asistemático y benedictino
de material léxico, propio casi siempre de los lexicógrafos
regionales aficionados (7)
o del paciente empeño de algún filólogo
profesional de origen no urbano, el método más
efectivo para reunir datos relativos al vocabulario simple
y complejo es la encuesta grabada magnetofónicamente.
LA
ENCUESTA Y SUS TIPOS
La
encuesta es un método para allegar una considerable
cantidad de información lingüística en
un tiempo razonablemente corto. Toda encuesta lingüística,
sin embargo, conviene no olvidarlo, es artificial, en tanto
que se coloca al informante en una situación poco espontánea,
poco natural.
(7)
Y
adecuada sólo, en el mejor de los casos, para colectar
léxico familiar no designativo. Como se sabe, los sociolingüistas
han estudiado mucho estas cuestiones. En concreto, suelen
hablar en este sentido, aunque con algún matiz diferencial
irrelevante a nuestros efectos, de observación
anónima o encubierta (Labov, 1983: 265 y ss.).
Fundamentalmente,
y como se sabe, hay dos tipos de encuesta: la basada en un
cuestionario y la conversación abierta y dirigida.
Cada una de estas dos modalidades tiene pros y contras.
La
encuesta que se fundamenta en un cuestionario resulta más
envarada, fomenta poco la espontaneidad y puede llegar a cansar
al informante, pero tiene la ventaja de que posibilita la
comparación entre puntos de localización diferente.
La conversación abierta y dirigida, en cambio, propicia
la espontaneidad, puede ser más profunda, allana la
formulación de preguntas a partir de lo que el propio
informante dice, y se acerca bastante a la realidad del intercambio
lingüístico cotidiano, pero tiene el inconveniente
de que no facilita el cotejo entre diferentes zonas. No sirve,
por ejemplo, para hacer un atlas, que es una obra concebida
de ordinario para comparar las distintas áreas de un
idioma. Nosotros mismos nos vimos obligados a utilizar este
último método en la fase de campo que antecedió
a la elaboración del Diccionario de canarismos
(DC), porque se trataba de allegar, en los principales
sectores del vocabulario, un volumen de datos que pudiera,
en una etapa ulterior, dar lugar al planteamiento de encuestas
onomasiológicas y semasiológicas más
productivas (8)
y que complementara la información del ALEICan y de
otras obras. Una de las imponderables ventajas de la conversación
abierta y dirigida es que permite observar la contextualización
natural (no forzada ni tópica) del término o
expresión de que se trate
(9).
Por
lo tanto, una de las consecuencias del planteamiento de un
cuestionario, cualquiera que sea la naturaleza de éste,
es que las piezas léxicas o las frases hechas que se
proporcionan no aparecen debidamente contextualizadas, lo
cual supone una pérdida de información fundamental
(10).
(8)
A este asunto se refiere R. I. Avanesov (apud M.
Alvar, Comentarios metodológicos al Atlas Lingüístico-Etnográfico
de Colombia, en Homenaje a José Pérez
Vidal, La Laguna (Tenerife), 1993, p. 112).
(9)
De todos modos, si bien de manera asistemática,
en esta clase de entrevista se suelen entreverar preguntas
semasiológicas y onomasiológicas.
(10)
A este problema alude precisamente W. Labov al hablar de la
famosa paradoja del observador: el objetivode
la investigación de la comunidad ha de ser hallar cómo
habla la gente cuando no está siendo sistemáticamente
observada; y sin embargo nosotros sólo podemos obtener
tales datos mediante la observación sistemática
(Labov, 1983: 266).
Como
queda dicho, el procedimiento que se suele seguir en los atlas
lingüísticos es la encuesta basada en un cuestionario
onomasiológico. Éste se revela útil sobre
todo cuando se trata de explorar léxico tecnolectal
o marcadamente designativo.
Para
la correcta y fructífera aplicación de un cuestionario,
deben tenerse en cuenta los aspectos que siguen:
1º) que el cuestionario sea exhaustivo y equilibrado.
y 2º) que los informantes sean representativos, por lo
que es conveniente que se seleccione a los sujetos según
los siguientes factores: sexo, edad, procedencia, profesión,
afición, y nivel cultural
(11). Tanto en el vocabulario designativo
como en el léxico familiar y en la fraseología,
por la fuerte vinculación con el medio físico,
botánico, zoológico o etnográfico que contraen
estas últimas parcelas, es sobremanera importante diversificar
la naturaleza de los encuestados en cuanto a las variables sexo,
profesión y área de procedencia. Por ejemplo,
conviene contrastar el habla de sujetos pertenecientes al ambiente
marinero con la de los adscritos al ámbito campesino.
TIPO
DE CUESTIONARIO
Los
principales tipos de cuestionario son el onomasiológico
y el semasiológico (y mixto, cuando se alternan los
dos; en la conversación abierta y dirigida, como queda
dicho, ocurre esto a menudo (12)).
(11)
Esto, naturalmente, está condicionado por el propósito
específico que se persiga: un estudio sobre términos
agrícolas no tiene en principio por qué contemplar
la variable “procedencia”, por ejemplo.
(12)
No hay método infalible en la recogida de material
léxico. Lo más útil suele ser la combinación
de distintos procedimientos, de forma que las limitaciones
de unos puedan ser corregidas por las virtualidades de otros.
El
más socorrido suele ser el onomasiológico, que,
en breves palabras, consiste en que al informante se le proporciona
un enunciado (una presunta definición lexicográfica
presentada interrogativamente) para que facilite el término.
El problema de este método es que la pregunta puede
corresponder o no con justeza a algo auténticamente
verbalizado en el lugar. Cuando no corresponde, la contestación
distorsionada puede serlo por exceso de especificidad infradimensión
semántica o por exceso de generalidad sobredimensión
semántica (13).
(13)
A este problema se refiere indirectamente J. Borrego Nieto
en su obra Sociolingüística rural, p. 170 (nota
31), a propósito de la distinción léxica
mortero/almirez: “Mortero y almirez no son exactamente
sinónimos, en cuanto que el almirez, prácticamente
desconocido en el pueblo, es de metal. Almirez puede aceptarse
como respuesta válida, puesto que se preguntó
por ‘especie de cuenco que se usa en la cocina para
machacar ciertos productos, sobre todo el ajo’, sin
mencionar la materia de la que está hecho”.
En
ambos casos, las respuestas dadas por los encuestados de un
mismo punto, si ése es el caso, suelen ser discordantes
y variadas (a menudo expresadas analíticamente o en
forma neológica), puesto que en el mejor de los supuestos
se contesta por aproximación.
Además
de estos problemas, hay que reseñar otros igualmente
ciertos. En ocasiones, por ejemplo, puede suceder que al informante
le sobrevenga una amnesia verbal transitoria, tanto más
si se trata de recordar vocabulario obsolescente, como ocurre
hoy en Canarias con el asociado a la agricultura cerealística.
Este hecho se conoce en psicolingüística y
las encuestas dialectales están sujetas a múltiples
condicionantes cognitivos como el fenómeno de
tenerlo en la punta de la lengua. En otras, acontece
que no se entiende cabalmente la pregunta aun formulándola
de varios modos, lo que obliga al encuestador a interrogar
de manera semasiológica para superar estratégicamente
el escollo.
En otras, en fin, se verifica la evitación de los términos
tabú y el correspondiente empleo de algún
recurso eufemístico por escrúpulos morales
o sociales, muy frecuentes en algunos sujetos y hablando de
determinados centros de interés, más aún
si el encuestador y el encuestado pertenecen a distinto sexo.
El
método onomasiológico comporta, además,
la servidumbre de que el informante puede proporcionarnos
un término (o unos términos) diferente del suyo
habitual: uno que corresponda a su nómina pasiva (o
que sea segunda o tercera opción activa) y que puede
pertenecer incluso a otra área dialectal, al considerar
que tiene más brillo cultural responder así.
Esta última conducta tiene incluso un aval teórico
en el terreno de la pragmática. Consideremos, a este
propósito, el siguiente fragmento escrito por la lingüista
argentina Graciela Reyes: Es sabido que, cuando uno
pregunta cómo llegar a un sitio, puede recibir instrucciones
tan llenas de buena voluntad cuanto equivocadas. Parece que,
para muchos hablantes, la máxima de cualidad [una de
las cuatro que Grice postuló como configuradoras del
famoso principio de cooperación], que consiste en no
decir lo que se sabe que es falso o no afirmar algo si se
carece de pruebas suficientes, se estrella contra otra: no
dar la impresión de ser ignorante o estúpido
(G. Reyes, 1990: 82).
Para
neutralizar todas estas posibles hipotecas (cuya relación
tiene algo de caricatura) (14),
parece recomendable que se contraste la información
obtenida onomasiológicamente con la que, en un indagación
subsiguiente, puede proporcionar el método semasiológico
(según el cual se ha de reconocer y precisar semánticamente
el término facilitado por el encuestador), recabada
ahora de otros informantes de igual condición. Así,
los casos de distorsión se podrán resolver o,
por lo menos, aligerar de forma considerable, aunque ello
suponga desplegar un trabajo aún más oneroso.
(14)
Muchas
de las limitaciones de las encuestas onomasiológicas
las analiza y pondera Vicente Marrero Pulido en su tesis doctoral
(en su apartado de Metodología) La estructura del
léxico en la norma lingüística culta de
Las Palmas de Gran Canaria, Universidad de Las Palmas
de Gran Canaria, 1999.
No
obstante lo dicho, los problemas que hemos reseñado
para ciertos métodos de encuesta, en particular para
el onomasiológico, no invalidan en modo alguno las
obras que se han podido realizar sobre la base de alguno de
ellos, aunque las torne perfectibles.
Las
limitaciones inherentes a los métodos de recogida de
material léxico delinean el siguiente panorama en cuanto
a los aspectos dialectológicos pendientes en la recogida
del léxico simple, de la fraseología y de la
paremiología particulares de Canarias.
CUESTIONES
PENDIENTES EN CUANTO A LA RECOGIDA DEL LÉXICO CANARIO
Cuando
el modelo descriptivo adoptado es el diferencial o contrastivo
(15),
el léxico característico de una región
o de un país está formado, si admitimos cierto
grado de reduccionismo, por vocabulario familiar y por vocabulario
designativo. Así, pues, procedamos con método
y veamos primero lo que sucede en el léxico familiar,
para considerar luego el caso del designativo.
(15)
Este
criterio, como es sabido, suscita el problema del concepto
de particularidad léxica regional. Nos remitimos, en
tal sentido, a la noción de canarismo que
dejamos caracterizada precisamente en la Presentación
del Diccionario de canarismos.
a) El léxico familiar
El
léxico familiar está conformado por las palabras
simples propias del estilo coloquial, y también por
la fraseología y la paremiología peculiares,
que pertenecen por principio a esta sección de unidades.
En
cuanto al léxico familiar simple del español
de Canarias, hay que decir que está registrado en su
práctica totalidad (aunque la situación no sea
igual de exhaustiva en todas las islas (16)),
razón por la cual los aspectos pendientes se refieren
sobre todo a su correcta y completa localización. Para
ello se puede utilizar el método semasiológico.
(16)
Así,
por ejemplo, la situación de Lanzarote, La Gomera y
El Hierro es menos satisfactoria que la de los restantes espacios
insulares. De otro lado, las unidades que quedan por registrar
dentro de este apartado se circunscriben con harta frecuencia
a acepciones dialectales de palabras generales del idioma
o a derivados que sólo tienen circulación entre
nosotros, cuya detección es en ambos casos y por ello
mismo más difícil. No obstante todo lo apuntado,
estudios comarcalizados del léxico, elaborados por
estudiosos indígenas, podrían depararnos en
el futuro (un futuro que habría de ser inmediato) algunas
sorpresas cuantitativas.
En
lo que toca a la fraseología y a la paremiología,
además de la discreta cantidad de unidades registrada
con anterioridad, Isabel González y quien les habla
hemos recogido una parte apreciable de ese patrimonio, si
bien queda mucho por hacer. En cuanto a este material fraseológico
y paremiológico, hay que tener en cuenta que para las
Islas Menores prácticamente sólo hemos registrado
en el DEREC, cuando era el caso, el que ya se había
documentado en las Mayores. Resta por colectar y definir,
por tanto, buena parte de este patrimonio cuando es exclusivo
de alguna o algunas de esas Islas Menores. A este respecto,
conviene señalar que una apreciable porción
de él ya está registrada por nosotros en su
fase de campo, pero falta aún la de gabinete (contrastación
con los repertorios generales, definición, adjudicación
de las marcas geográficas). Así, pues, en lo
que hace a este capítulo, queda por allegar el material
inédito, localizarlo bien, y completar la adscripción
geográfica del ya catalogado. El método semasiológico
se muestra aquí el único viable (17)
y, en consecuencia, el más productivo, siempre que
se disponga de un volumen de datos mínimo del cual
se pueda partir. Nosotros mismos reunimos para Gran Canaria
y Tenerife una serie de expresiones y refranes, que fueron
luego el punto de arranque del cuestionario que planteamos
semasiológicamente en todas las Islas, el cual se fue
enriqueciendo de manera paulatina con nuevas informaciones.
(17)
Conviene
señalar, sin embargo, que unas pocas referencias conceptuales
fraseológicas (en estilo informal) se dejan plantear
onomasiológicamente: tener una joven la primera
menstruación, casarse, morirse,
irse, etc
En
este último caso, es interesante indicar que la estructura
sintáctica de la frase-pregunta actúa a menudo
de estímulo memorístico cognitivo para que el
informante recuerde otras frases hechas (regionales o generales)
(18),
de las que, de otra forma, no se hubiera acordado, al margen
de que reconozca o no la que se le está demandando
(19)
o la misma con variación más o menos ligera
de estructura (20).
Cuando éste es el caso, muchas veces el sujeto se representa
dicha frase como distinta de la mostrada.
(18)
Repárese en los siguientes ejemplos: más vale
X que Y; bajarse de un burro cojo para subirse en uno sin
patas/no bajarse alguien del burro; etc. En el caso de las
expresiones idiomáticas que contienen un verbo, es
conveniente, tanto más si el encuestador conoce la
expresión, conjugarle dicho verbo al informante. De
cualquier manera, el acercamiento mayor posible al uso real,
cuando éste difiere del lemático, es un estímulo
memorístico adicional, ante la evidencia de que muchos
de estos verbos tienen una conjugación altamente defectiva
en tales casos.
(19)
Cuando se le pregunta al informante para que reconozca una
expresión fijada, conviene dejar la frase en cuestión
inacabada, para que el entrevistado la complete. Éste
es un buen test para saber que la identifica (con la misma
literalidad). Sucede, sin embargo, en ocasiones que el hablante
conoce la textualidad de la frase pero ignora su significado.
Esto ocurre a menudo con ciertos refranes. En todo caso, el
reconocimiento de la frase con su literalidad indica que es
o ha sido utilizada en la zona, por lo que podrá indagarse
su significado entrevistando a otros informantes del mismo
lugar, acaso más cualificados.
(20)
Confróntese
a cada puerco le llega su san Martín con a cada cerdo
le llega su san Martín: la primera es la que aparece
en los refraneros, pero en Canarias nunca tendría esa
literalidad. Éste es uno de los pocos casos en que
puede comportar problemas el criterio de ordenación
fraseológica según el primer sustantivo que
aparece: Véanse F. Varela y H. Kubarth, Diccionario
fraseológico del español moderno; Sbarbi, Gran
diccionario de refranes de la lengua española; etc.
También
pueden constituir un acicate mnemónico los elementos
léxicos componentes del fraseologismo-pregunta, pues
al informante le pueden acudir a la mente otras expresiones
que compartan alguna voz (a menudo la palabra-clave o nuclear,
generalmente un sustantivo) con la expresión fijada
que acaba de oír (21).
Por supuesto, que este procedimiento sirve para que, a partir
de cualquier frase, surja otra estructuralmente distinta:
al preguntar por un refrán puede resultar evocada una
frase idiomática o una comparación estereotipada,
y a la inversa (22).
(21)
Véase
la contraposición entre quedarse bailando el tute
y haber dos o tres personas jugando al tute, entre más
rajado que un pan de millo y lo que no da millo da zoquera,
entre tener el cuajo virado y merecer alguien que le arranquen
el cuajo, etc.
(22)
Eventualmente,
se le puede plantear la misma encuesta al mismo informante,
mediando un tiempo prudencial entre la primera y la última
vez, y podrán así obtenerse nuevos datos, entre
otras cosas porque las respuestas que suministró en
el primer contacto pueden convertirse ahora en nuevos estímulos
interrogativos. De paso esto servirá para precisar
o corroborar la literalidad y/o el significado de las expresiones
proporcionadas en la primera entrevista. Con todo, este sistema
no constituye una panacea, pues siempre quedarán por
recoger muchas unidades pluriverbales que no resultan asociables
a la expresión-pregunta.
De
igual modo, la relación sinonímica puede avivar
la memoria del encuestado. El significado de la frase-estímulo,
una vez revelado si es preciso por el encuestador, le hace
recordar a aquél otra secuencia fijada del mismo o
parecido significado.
Con
la encuesta dialectal semasiológica sobre comparaciones
populares (ser más jadario que la quijada de arriba,
dormir más que una espuerta de perros chicos, etc.)
sucede en parte lo mismo con los derivados no lexicalizados
(23)
hay que ser precavido, pues el sujeto siente que puede de
manera impune contestar que sí por sistema (aquí
entra en juego, claro, su temperamento).
(23)
Aunque
aquí el informante dirá cosas tales como: (a
próposito de escobonal) será un sitio
donde hay escobones; (a propósito de guirrera)
será donde viven los guirres; etc. Sucede
esto mucho en los términos toponímicos derivados
que ya han dejado de ser productivos.
En efecto, el significado hiperbólico de estas expresiones
es inmediatamente reconocible, lo que no acontece de ordinario
en las expresiones idiomáticas y en los refranes. (Lo
mismo ocurre con la encuesta toponímica semasiológica,
especialmente cuando no está realizada en el escenario
que se pretende estudiar toponomásticamente.) De igual
modo, al proporcionarle al informante un adjetivo o un verbo
para que redondee un determinado cliché comparativo,
se ha de estar alerta, pues éste puede sentir la tentación
de complementarlo artificialmente con un término de
comparación que estima proverbial respecto de lo que
se pregunta, cuando es lo cierto que dicha comparación
no está en absoluto fijada en el uso con la literalidad
que propone. Por eso, en todos estos supuestos, se debe reunir
al menos a dos sujetos de similares características,
para que ninguno de ellos ceda a la tentación de mentir,
dado que su compañero de pupitre actúa
de voz de la conciencia.
En
todos los casos, hay que entreverarle al informante cuestiones
que tal vez no sepa contestar con otras de las que muy presumiblemente
pueda dar cuenta, pues el planteamiento de una larga serie
de preguntas sin respuesta por su parte promueve de inmediato
su desinterés, su retraimiento y hasta puede que su
negativa a seguir colaborando. Cuando se da esta circunstancia,
el propio sujeto suele sugerir que se establezca contacto
con otros usuarios de la zona, en su opinión más
competentes, lo que no siempre se confirma. Es la manera más
cortés que encuentra de sortear el compromiso en el
que se le ha puesto.
Es
oportuno declarar, por otra parte, que, debido al carácter
primario de la técnica del discurso (Coseriu),
muchos encuestados tienden a considerar, especialmente cuando
no reconocen, o no han reconocido a la primera, la frase hecha
semasiológicamente planteada, que se les está
preguntando en dicha clave y no en clave secundaria o de discurso
repetido idiomático. Esto sucede, claro es, con
frases que admiten los dos usos, el literal y el idiomático.
Todo ello evidencia el carácter primario o dominante
de la técnica del discurso en el lenguaje
humano.
Conviene
tener presente así mismo que los ejemplos de uso que
puedan acompañar al material fraseológico en
ciertos catálogos lexicográficos proceden de
la recogida asistemática de ciertos dialectólogos
indígenas, pues, como hemos apuntado líneas
arriba, el método semasiológico, el único
que se revela efectivo en la recogida de léxico familiar
(simple y complejo), no proporciona tales testimonios ilustrativos
(24).
(24)
Por
otro lado, se advierte que, mientras que lo etnográfico-designativo
suele ser estudiado por dialectólogos profesionales
(a través, por ejemplo, de la confección de
atlas), lo familiar, en cambio, se lo debemos casi siempre
a la labor paciente de algún estudioso (profesional
o aficionado), que va anotando lo que de llamativo oye a su
alrededor. Debemos tener en cuenta, además, que el
léxico familiar no es por lo general léxico
disponible o inmediatamente disponible (Marcellesi
y Gardin, 1978: 346), al no encontrarse vinculado de forma
directa a ningún área temática; de ahí
la casi absoluta imposibilidad de ser detectado a partir de
una encuesta onomasiológica formal.
a) El léxico designativo
A
diferencia del léxico familiar, el léxico designativo
sí se deja recoger a través del método
onomasiológico, aunque también a través
del semasiológico, que puede ser utilizado, como hemos
sugerido ya, complementariamente. No obstante, cuando los
referentes por los que se interroga aluden a entidades naturales
(a animales y vegetales en especial, pero igualmente a herramientas,
a objetos etnográficos, a ciertos alimentos, etc.),
y dado que sus definiciones técnicas hiperespecíficas
nunca servirían para ese menester (25),
las preguntas que caben sólo pueden basarse en rasgos
accidentales de tipo cultural, muy frecuentes
en las adivinanzas y en ciertos crucigramas. Por ejemplo,
para recabar la voz eucalipto o un sinónimo
si lo hubiera, habría que preguntar por cómo
se llama el árbol de origen australiano que se
planta como protección en las carreteras y a cuyas
hojas, de olor agradable, se les reconocen propiedades medicinales.
Recuérdese de paso que los nombres propios (Cervantes,
Don Juan, Valladolid) sólo admiten esta caracterización
accidental, en tanto que son determinaciones secundarias
de entidades primarias como autor, personaje
y ciudad.
(25)
No
se olvide que este problema tiene su correspondiente reflejo
en las definiciones de las palabras dialectales que apuntan
a una entidad natural no exótica: a menudo,
y si no se proporciona el término sinonímico
más general, el lector tiene dificultades para lograr
identificar la noción definida.
De ahí que tales nombres suelan aparecer definidos
en las enciclopedias como autor del Quijote, personaje
de Zorrilla o ciudad por la que pasa El Pisuerga.
Cuando la definición accidental con la que se inquiere
no funciona bien, o sencillamente no es viable para tal fin,
la entrevista se ha de apoyar de manera insoslayable en alguna
ilustración que oriente al informante (fotografía,
dibujo), salvo que se coloquen ambos, encuestador y sujeto
encuestado, ante el propio referente, tal y como hacía
don José de Viera y Clavijo cuando se hallaba en trance
de definir las entradas de su Diccionario de Historia
Natural de las Islas Canarias.
Casi
con la única excepción de lo recogido en el
ALEICan, cuyos datos fueron allegados según
el procedimiento onomasiológico, la inmensa mayoría
de las informaciones relativas al léxico designativo
privativamente regional están recogidas de modo insuficiente
en el ámbito de nuestras Islas. Y ello sobre todo por
dos motivos: porque han sido registradas al margen del planteamiento
sistemático de una encuesta onomasiológica,
lo cual deja muchas lagunas designativas por cubrir; o porque
la publicación de la que proceden se circunscribe al
ámbito de una sola Isla, con lo que quedan en la penumbra
los otros territorios insulares. Esta situación se
ha revelado palmariamente en la tesis doctoral Análisis
y descripción onomasiológica del léxico
canario, elaborada por la profesora Isabel González
Aguiar bajo mi dirección (26).
(26)
Efectivamente,
en sus páginas ha quedado puesta de manifiesto tal
limitación. Por ejemplo, las palabras del juego de
cartas llamado envite se concentran para GC. Con las relativas
a la ganadería ovina, sucede que sólo aparece
información para GC y a veces para Hi. De otro lado,
un servicio que también cumple la agrupación
lexicográfico-onomasiológica del léxico,
y que ha puesto al descubierto la tesis doctoral aludida,
es el de revelar la falta de sistematicidad en la elaboración
de las definiciones, pues a menudo se constata que voces designativamente
sinónimas aparecen definidas, en ciertos repertorios
semasiológicos, de manera bien dispar.
De
forma más concreta, estas limitaciones se manifiestan
en las siguientes posibilidades:
1ª)
Cierto vocablo sólo figura para una isla o para un
grupo de ellas, siendo así que se encuentra presente
en todas. Por tanto, el problema quedaría aquí
resuelto procediendo simplemente a generalizar la adscripción
geográfica.
2ª)
Cierto vocablo que se da en una isla o en un grupo de ellas
no se da en otras, pero sí se registra uno correlativo,
especialmente si la cultura o la naturaleza de esas otras
islas lo hace esperable. Naturalmente ese otro vocablo, por
el momento indeterminado, puede ser general o dialectal, o
incluso corresponderse con un cero denominativo.
3ª)
Cierto vocablo no aparece en esas otras islas y no es previsible
que se registre según sus determinaciones naturales
o culturales: no está arraigada la lucha canaria en
La Gomera, no hay o hay en escasa medida afición
a la vela latina en la provincia occidental del Archipiélago,
no crecen especies de laurisilva en Lanzarote y Fuerteventura,
etc. Este caso no plantea problema alguno, pues la situación
descriptiva coincide con la situación real.
Otras cuestiones pendientes
Desentrañadas
las cuestiones precedentes, sólo nos restan por mencionar
algunos otros frentes, que habrían de tenerse en cuenta
en los trabajos futuros sobre el componente léxicofraseológico
del español hablado en nuestro archipiélago.
Entre ellos destacan los siguientes:
1º)
Hace falta revisar todo lo publicado sobre el léxico,
la fraseología y la paremiología del español
de Canarias para comprobar su vigencia o para proclamar su
condición arcaica (la razón por la que muchas
palabras del TLEC no están en el Diccionario de
canarismos es precisamente ésa). Esta indagación
estaría específicamente dirigida a determinar
qué palabras o lexías textuales registradas
por los distintos autores ya han desaparecido del todo.
2º)
Hay que integrar lexicográficamente todas las denominaciones
complejas, especialmente las relacionadas con la flora y con
la fauna (flor de muerto, bicho carretero, etc.),
para lo cual se ha de desplegar la correspondiente investigación
de campo.
y
3º) Se ha de realizar una ofensiva dialectológica,
en el sentido más pacífico de la expresión,
en las Islas Menores, sobre todo en algunas de ellas, para
ponerlas en pie de igualdad con las más estudiadas
y conocidas.
Todo
el denso programa que hemos pergeñado en las páginas
anteriores es requisito previo, o debiera serlo idealmente,
para la elaboración de un Diccionario General del español
de Canarias, una de las tareas primordiales que, de manera
directa o patrocinada, le aguardan a la Academia Canaria de
la Lengua. A mi juicio, ese diccionario debería tener
en una primera fase un carácter meramente diferencial.
Cuando se haya cubierto a satisfacción esa etapa, se
podría abordar la descripción lexicográfica
integral del español canario, a la manera como lo vienen
haciendo para el español de México un grupo
de lexicógrafos capitaneado por Luis Fernando Lara.
Tales proyectos, el segundo de ellos sobre todo representa
un trabajo de caracteres titánicos y exige un considerable
esfuerzo financiero, deberían ser abordados por esta
Academia en un tiempo razonable, si es que quiere legitimarse
socialmente y poner en su lugar a los que cuestionan, con
sordina o sin ella, la justificación ontológica
misma de esta institución. La tarea no será
simple, pues exigirá, entre otras condiciones concurrentes,
una gran dosis de trabajo generoso de parte de los académicos,
que sólo el tiempo dirá si se ha producido o
no. En definitiva, que de las instituciones se puede predicar
lo mismo que la sentencia bíblica dice de los seres
humanos: por sus obras los conoceréis. Nada más.
Muchas gracias por su atención y por su benevolencia.
Gonzalo Ortega Ojeda,
2001.
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