Un espacio concebido para la difusión de la literatura del Archipiélago, dirigido al público general y a los profesionales de la enseñanza. En la ficha de cada autor, realizada en tono divulgativo por conocidos especialistas, podrás acceder a sus datos esenciales: quiénes son, sus obras, su significación cultural y literaria, bibliografía, recursos multimedia y una selección de sus textos.

Alonso Quesada

Por Yolanda Arencibia Santana

Alonso Quesada es poeta, autor dramático y narrador. Pero hay un Quesada único: el poeta eterno que nunca deja de estar en sus textos para esencializar lo cotidiano; el hombre mediatizado por la realidad externa y la interna de su propio temperamento que le impelen a acudir una y otra vez a los temas eternos; y el escritor de pluma ágil e imaginación despierta y ocurrente que halla en la distancia del humor el tono de su escritura.

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Selección de textos

DEL LIBRO LOS CAMINOS DISPERSOS

CAMINOS DOLOROSOS, VII

                                              (Domingo.

                                             Camino solitario de la aldea.)

 

Este niño está solo en el camino.

El niño es como yo, que tiene miedo.

Se va a perder y yo no puedo nada.

No tengo voluntad ni sentimiento.

Los infelices ojos me acarician

y llegan hasta dentro

pero no me remueven el alma...

Se han perdido, solos,

como en el mar los míos se perdieron.

 

El niño dice: ¿Dónde va el camino?

¡Siempre empieza este camino

sin acabar el comienzo!

Yo le respondo:

Es un camino nuevo,

a cada instante empieza misterioso

sin llegar nunca a ser camino viejo.

El niño llora, pero yo sonrío.

Y es que el dolor del niño está muy lejos

de mi dolor, que es un dolor cortado,

frío dolor sin sombras y sin eco...

 

ALIVIO DEL ALMA, I

                                              (Pascua de Resurrección.

                                              Camino de la clara aldea.)

 

¡Otra vez el amor…! Yo no sabía

que era el amor. El corazón alerta

dejó el recuerdo y despidió los sueños.

Luego cerró para el amor la puerta.

 

Mas ayer noche yo sentí que abrían

hollando el alma con graciosa huella,

trayendo sueños al recuerdo antiguo

de un nuevo aroma en juvenil esencia.

Hurto piadoso al corazón le hicieron,

quedó en el alma rota la Promesa;

docta en el arco del muchacho ciego

certeramente disparó la flecha.

Y en el silencio yo espere el pasado;

no era la misma la que hirió certera.

¡No era la misma! El corazón reía:

dos claros ojos infantiles eran...

 

Toda mi vida se juntó a tus sueños.

Domada el alma, ¿qué has de hacer con ella?

¿No será tarde para mi retorno,

temprano aún para tu edad pequeña…?

¡Oh, nueva moza del Amor! Mañana

yo no sabré si mi dolor se aleja,

mas no te lleves esos años niños

ya que han estado junto a mí, tan cerca.

Si es tarde para mí, no importa nada.

Tu desamor ni lo veré siquiera:

cuando tu corazón se olvide, el mío

será un oculto corazón de tierra...