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Antonio de Viana

Por Cecilia Domínguez Luis

Con la figura de Antonio de Viana, debemos tener en cuenta su doble faceta: la de médico y la de escritor. Eso nos explica por qué solo tiene una obra literaria: su Poema Antigüedades de las Islas Afortunadas, aparte de un soneto a Cairasco.
Aun así, Valbuena Prat considera el “Poema” como la única obra épica que representa todo el paisaje, espíritu y leyenda heroica de una región de habla castellana en los albores del siglo XVII, y M.ª Rosa Alonso afirma que Antigüedades es «fuente para entender a nuestros guanches, nuestros paisajes, nuestra historia, nuestra literatura y nuestros símbolos.»

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Antonio Hernández de Viana, que cambió el orden de sus apellidos según costumbre de la época, nació en La Laguna en 1578 y fue bautizado en la Iglesia de la Concepción de esa ciudad el 21 de abril de ese mismo año. Su padre, Francisco Hernández, era un funcionario encargado de vigilar los mercados y fijar los precios de las mercancías. Su madre, María de Viana, procedía de una familia venida de Madeira.

En 1595 Antonio de Viana se marcha a Sevilla a estudiar Bachiller, pero después de año y medio, aparece encarcelado por deudas en una prisión de Las Palmas de Gran Canaria. Saldada su deuda, sale libre pero, en junio de 1599, ya en Sevilla, Viana vuelve a endeudarse. Es entonces cuando aparece un personaje que va remediar los males económicos del poeta. Se trata de Juan de Guerra Ayala, 5º señor del Valle de Guerra, que será quien le encargue lo que va a ser su única obra de creación: Antigüedades de las Islas Afortunadas. Así, el poeta empieza a escribir su gran obra, con solo 24 años, Poema que terminará en 1602, - el mismo año en que obtiene el título de Bachiller- y que se publicará en esta ciudad dos años después, costeado por Guerra e impreso por Bartolomé Gómez.

Poco después, Antonio de Viana obtendrá su título de médico cirujano. Durante esta segunda estancia en la capital hispalense, el poeta conoce a Lope de Vega y este le dedica un soneto que Viana pondrá al frente de su obra Las Antigüedades.

A finales de 1605 empieza a ejercer como médico en La Laguna, donde permanecerá, aparte de una breve estancia en Las Palmas donde conoce a Bartolomé Cairasco, hasta 1611, fecha en la que, por problemas económicos, regresa a Sevilla. Desde ese momento y hasta 1631 trabajó en el Hospital del Cardenal de Sevilla como cirujano. Además ejerció también como médico de la Real Armada, por lo que visitó muchos puertos españoles y viajó por Italia y otros lugares de Europa.

El Cabildo Insular de Tenerife lo reclama de nuevo y le hace un contrato como médico insular, mejor remunerado, en teoría, que el anterior. Antonio de Viana decide entonces abandonar Sevilla y venir a Tenerife en junio de 1631. Esta será la última vez que el poeta permanecerá en la isla. Problemas burocráticos, agravados por la agresión a uno de sus hijos, hacen que Viana decida marcharse a Las Palmas para fijar allí su residencia. Pero allí vuelve a encontrarse con los mismos problemas administrativos y, en octubre de 1634, se marcha definitivamente de las Islas.

Estando en Sevilla, en 1649, se desata una epidemia de peste en la que Antonio de Viana demostró una vez más su profesionalidad y eficacia como médico, por lo que es muy elogiado. Las últimas noticias que tenemos del poeta es que el 7 de junio de 1650, cuando tenía 72 años, firmó una certificación médica, por lo que se piensa murió ese mismo año.