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Ignacia de Lara

Por Inmaculada Egüés Oroz

Ignacia de Lara es una de las figuras más importantes del Modernismo en las Islas Canarias. Desde muy joven tuvo claro su deseo de dedicarse a las letras, si bien fue en la madurez cuando escribió la mayor parte de su obra, que abarca varios registros, desde la poesía lírica y la canción popular, hasta el ensayo periodístico o el relato corto. Sus composiciones poéticas, enriquecidas por su acervo cultural e influidas por el simbolismo, reflejan un magnífico encuentro entre los temas del amor, la libertad, el desarrollo de la mujer y el dolor, y sus creencias religiosas.

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No es fácil clasificar la obra de Ignacia de Lara desde un único punto de vista. Mujer abierta y observadora de las circunstancias que está viviendo el mundo, y en concreto las Islas Canarias, supo expresarse según la sensibilidad y las formas estéticas del momento, con una gran capacidad para reflejar las realidades y acontecimientos que la rodeaban y, a la vez, con un profundo sentimiento religioso. El contacto con los escritores canarios y la lectura de los extranjeros, como se observa en la correspondencia mantenida con el escritor Juan Sosa Suárez, la convierten en una mujer de mente abierta para la época. Su prosa, incluida la publicada en los periódicos locales, era vehiculada con un lenguaje claro y conciso.

Su obra poética la podemos dividir en dos momentos diferentes. La primera parte, hasta el año 1930, es más intimista y simbolista. La segunda etapa, más rítmica y colorista, comienza después de la muerte de Miguel Colorado D’Asoy (1931). Su expresión, ahora, encajará totalmente con las postrimerías del Modernismo. La producción de esta etapa se encuentra dispersa en prensa.

Su obra cumbre publicada es Para el perdón y para el olvido (Barcelona, 1924), libro que, como le expresa Tomás Morales en una carta, es fruto de “esa emoción del instante.” Con prólogo de Francisco González Díaz, el soneto que sirve de pórtico al mismo libro, escrito por Tomás Morales y reproducido en el volumen de forma manuscrita, dice: “¡Oíd la voz que viene cargada de Armonía! El ruiseñor inicia su canción”.

Para el perdón y para el olvido es una obra cargada de contenido simbólico. Ignacia de Lara alude a realidades como la muerte, el dolor, la soledad, el abandono, siempre a través de una clara conceptualización que nos remite a una configuración arquetípica, mediante símbolos como el árbol, la noche, la luna, las aves, el nido, el fuego, las ruinas, el vino y la copa, y de manera muy significativa, las flores. Este entramado simbólico viene encauzado por múltiples recursos expresivos (personificaciones, contrastes y antítesis, paradojas, ironías, metáforas, perífrasis, epítetos, etc.), todo ello utilizado con acierto y mesura.

Poco antes de su muerte (1940) dejó escrito el libro titulado Entre paisanos. Cantares, redactado a petición de algunos de sus colegas, amantes del folclore. El volumen comienza así: “Esto es como un juego sencillo, casi ingenuo, con toda puerilidad de las cosas intrascendentes”. La propia escritora no se percató de la riqueza antropológica y costumbrista que legaba con esta obra, hoy en día considerada como una importante aportación a la literatura de raigambre popular. Algunos de estos cantares han formado parte del repertorio de agrupacions musicales como Los Gofiones o la Agrupación Folkórica Arnao.