Un espacio concebido para la difusión de la literatura del Archipiélago, dirigido al público general y a los profesionales de la enseñanza. En la ficha de cada autor, realizada en tono divulgativo por conocidos especialistas, podrás acceder a sus datos esenciales: quiénes son, sus obras, su significación cultural y literaria, bibliografía, recursos multimedia y una selección de sus textos.

Josefina de la Torre

Por Kenia Martín Padilla

Josefina de la Torre fue una escritora grancanaria perteneciente a la Generación del 27. A su labor literaria se unen una serie de actividades artísticas que describen un perfil polifacético: fue cantante y actriz (cine, teatro, radio y televisión), y realizó otras actividades relacionadas con el cine como ayudante de realización, guionista, o voz de doblaje.

Descárgate este autor

Selección de textos

DEL LIBRO POEMAS DE LA ISLA

Si ha de ser, quiero que sea

de pronto. Cuando yo piense

en horizontes dormidos

y en el mar sobre la playa.

Si ha de ser, que me sorprenda

en mis mejores recuerdos

para hacer de su presencia

un solo signo de aire.

Dormida no, ni despierta:

si ha de ser, quiero que sea.

 

Tu nombre ya me lo han dicho

pero yo no te conozco,

ni te vi nunca la cara

ni sé el color de tus ojos.

Pero tu nombre ¡qué claro

lo voy diciendo en el fondo,

con sus siete letras firmes

de tres sílabas, sonoro!

Enamorada ya estoy

aunque yo no te conozco,

ni te vi nunca la cara,

ni sé el color de tus ojos.


Tu nombre ya me lo han dicho

con siete letras en corro.

 

Mira:

me gustas porque sabes

decir mentiras.

Si dijeras verdades

no me gustarías.

¡Qué dulce que sabe

la mentira!

Es buena,

noble,

decisiva.

Y la verdad

¡qué tonta y desabrida!

Siempre igual,

esperada, conocida.

¡En cambio la mentira

qué dulce,

amarga compañera mía!


Te quiero, porque sabes decir mentiras.

 

Te quería

por tu palabra inútil,

fuerte muchacho atlético,

como un mundo desnudo

y trazado

de nervios.

Yo te miraba, absuelto

de aquella gritería desbandada

de gargantas y viento,

cuando tú hubieras sido

vencedor de mi acero

y de aquella muchacha despeinada

en su inútil esfuerzo

y sólo fuiste proa

valiente

de tu pecho.

 

Quisiera tener sujeta

la naranja de la tarde

así entre las manos, fresca,

sin la piel rubia y brillante

tirabuzón de la luna

peinado por mi cuchillo.

Que sabor a fruta nueva

ha de tener en los bordes

el mar, la arena y el aire.

¡Qué deseo de partir

en dos mitades la tarde!

Cuando la noche se asome

a su ventanal de cobre

se tragará la naranja.

¡Ay niña desconsolada!