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Fundación Cajanarias

Un espacio concebido para la difusión de la literatura del Archipiélago, dirigido al público general y a los profesionales de la enseñanza. En la ficha de cada autor, realizada en tono divulgativo por conocidos especialistas, podrás acceder a sus datos esenciales: quiénes son, sus obras, su significación cultural y literaria, bibliografía, recursos multimedia y una selección de sus textos.

Tomás Morales

Por Oswaldo Guerra Sánchez

Tomás Morales Castellano nació en la villa de Moya (Gran Canaria) el 10 de octubre de 1884. Es el máximo representante del movimiento modernista en Canarias y uno de los más significativos de la literatura hispánica.

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Selección de textos

DE HIMNO AL VOLCÁN

HIMNO AL VOLCÁN

A Carlos Cruz

¡Pico de Tenerife! Titán medievo de azul loriga

que en Occidente eriges la dictadura de tu reinado,

y anuncias a los nautas aventureros la playa amiga:

¡Atalaya eminente del Archipiélago Afortunado!

 

De un sumergido imperio tú la más alta cumbre cimera,

hacia el Olimpo sacro dabas la comba de tu heroísmo

cual un menhir miliario que, dominando la cordillera,

plantaran los gigantes en la inminencia del cataclismo.

 

Bajo las quietas ondas, aterecido cientos de edades,

soñabas con los puros, cálidos rayos de Helios vehemente,

y al emerger otrora, sellando un pacto de eternidades,

habías por raigambre la maravilla de un continente.

 

Desde frontera costa te ve el poeta cual si, liberto,

de dejar acabaras la transparente prisión pontina:

húmedos aún los flancos y el anchuroso cráter cubierto,

tan blanco que parece que aún está lleno de sal marina.

 

Ve tu imponente mole que es hipogeo, periplo y ara,

y los tajantes bloques de tus pilares, firmes y enhiestos,

protección de la sima que en tus inmersos fondos labrara,

para mansión de Pluto, la propia mano del dios Hefestos...

 

Tú guardas el secreto de insignes fábulas y tradiciones:

aplicando el oído sobre tu costra circunvalante,

aún se escucha el gemido de las sepultas generaciones

y el resuello angustioso del devorado pulmón de Atlante.

 

Las brumas acarician tu inaccesible frente nivosa,

la lava de tus hombros cuenta a los siglos tus efemérides,

y a flor de mar, curvando las morbideces de carne rosa

−dóridas del Atlántico−, de amor palpitan las siete Hespérides.

 

El femenil embate de sus alientos tu alma esclaviza,

y al cuido vigilante de tu enigmático perfil corpóreo,

los marinos rebaños de vellón blanco que Bóreas riza,

triscadores, rebasan el ondulante confín ecuóreo.

 

Tú presenciaste el triunfo de las antiguas divinidades:

la posesión de Europa por la cornuda bestia bovina

y la asunción radiosa que llenó el orbe de claridades,

al brotar de las olas, como una perla, Venus divina...

 

Y un día que al ensueño dabas, rendido, la ardiente entraña,

despertado, de pronto, por inaudito tropel sonoro,

viste pasar a Heracles, que coronaba la nueva hazaña,

llevando contra el pecho las encendidas manzanas de oro.

 

Con mengua de tu aliento fue consumada la audaz quimera,

contra empresa tan loca nada, en desquite, tu esfuerzo pudo:

antes que el vivo arroyo de tu venganza corrido hubiera,

ya el detentor mancebo ganaba el agua, bello y desnudo...

 

En vano tus enojos vomitan rayos; en vano, ardientes,

dan a los cuatro puntos, agostadoras, tus oriflamas;

las yeguas de tu furia buscan en vano por las vertientes,

lanzando por los belfos enardecidos relinchos-llamas...

 

Mil leguas en redondo sonó el colérico batir de cascos,

cien soles con cien lunas durara activa tu ebria congoja:

de día fulminando prietas columnas de humo y peñascos;

sacudiendo, en la noche, la exorbitante melena roja.

 

Así te sueño, ¡Pico de Tenerife!, cumpliendo altivo,

por obra de tus dioses, un inmutable designio ignoto,

con todas las calderas y los fundentes hornos al vivo

y tus fraguas que azuzan las reptaciones del terremoto.

 

Así te sueño, ¡oh Teide!, mientras tu cono gentil descuellas,

hoy que te ven mis ojos –el mar por medio− de la isla hermana

desflorar el espacio y hender la linde de las estrellas,

dejando atrás las nubes, con tu orgullosa cabeza cana...

 

Así te ven mis ojos, mas yo te quiero fosco y bravío,

porque tú emblematizas con tu perenne desasosiego:

¡Pico de Tenerife, de continente sereno y frío!

¡La victoria más alta, la gran Victoria del hombre: el fuego!...

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